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lunes, 22 de octubre de 2007

prrr... miau

Después de terminar un día de trabajo de la PEOR manera posible, me puse a pendejear un poco en la web y me encontré con un post de Isopixel con esta animación. La verdad me encantó y no pude más que identificarme con el victimizado dormilón.



Para quien tenga gatos sabrá de qué hablo después de ver el video. Aunque adoro a mis 5 gatos casi como si fueran mis hijos no deseados, hay veces en que se pasan de lanza con tal de llamar mi atención. Otras veces tan sólo me toman cual tapete hecha jirones, materia ideal para clavar sus garritas mientras juegan entre ellos.

lunes, 20 de agosto de 2007

del ser padre o del ser pendejo... o ambas cosas, simultáneamente

¡¡¡¡Arrrrrggg!!!! ¿Por qué mis vecinos son todos unos imbéciles? La mayoría son padres de familia y siempre están defendiendo el honor de sus degenerados hijos (algunos adolescentes y otros pequeños, pero aprendiendo a ser igual de imbéciles que sus padres). Justo hace un rato entré al conjunto donde vivo y ahí va delante de mí una camionetota (sí de ésas suburbanas que atentan contra la naturaleza aún estando estacionadas y con el motor apagado) andando lentamente para que el niñito bobo, hijo de la conductora, pudiera ir colgado cual Spiderman en la defensa trasera del vehículo, claro sin miedo de caerse y partirse el cráneo por la mitad como melón chino. Por si fuera poco, en cuanto se detuvo frente a su casa, tuve oportunidad de lanzarle una furiosa mirada, pero para mi sorpresa, la idiota progenitora tenía una sonrisa en la boca pues además su pequeño hijo (parecía como de 3 años a lo mucho) iba sentadito en su regazo aprendiendo a manejar. Y esta pendeja, así, toda una madre orgullosa de su pendejez y de la que le hereda a sus hijos en vida.

Lo peor de todo es que estos dizque padres de familia "responsables" (y seguro panistas de mierda) son los que han impuesto una serie de reglas dentro del conjunto para que nadie lastime a sus bellísimos retoñitos, vándalos en crecimiento.

La verdad es que admiro mucho más a las personas que reconocen que no podrían ser responsables de traer hijos al mundo, en vez de que todos sientan esa imperiosa necesidad de "realizarse" como padres. Hay gente que simplemente no califica para ello.

jueves, 5 de julio de 2007

ni el bodoque, ni el italiano... el mexicano



Éste es Benito. Lleva con nosotros una semana. Lo recogí el pasado miércoles y ya está más que instalado en mi casa. Pensé que le costaría más trabajo ser aceptado, pero incluso Luz le permite acercárcele y hasta dormir a ratitos en su cama. La Güera sigue siendo la misma hostil de siempre, aunque confío en que pronto también juegue con él.

Zoyla es definitivamente feliz a su lado. Ya ni siquiera le hace caso a su leoncito de peluche. Pasan horas enteras peleando entre ellos, mordiéndose, revolcándose. Casi siempre pareciera que Benito saldrá herido si no es que muerto. Afortunadamente sólo es juego entre ellos y Benito se defiende bastante bien para ser tan pequeño.

El lunes pasado escuchaba a uno de mis vecinos que le gritaba a su hijo "¡Fraaanco!". Cada vez que escucho ese nombre se me erizan los cabellos. Su hermana se llama Regina. "Franco y Regina". Muy lejos de ser "Hansel y Grethel". "Franco y Regina" me parecen los nombres más ultraderechistas que puedo imaginar. Así que, mientras escuchaba el llamado al otro lado de mi casa –"¡Fraaanco!", pensé que yo jamás nombraría a ninguno de mis hijos (reales, adoptados o imaginarios) con el nombre de algún dictador.

Justo en ese instante recordé a "Benito". El buen Benito. Luego me consolé pensando que Benito no es mi hijo, obviamente, es sólo un gato, un animal de compañía. Pero igual me ha carcomido el coco estos días la idea de haberlo llamado Benito.

Hoy después de mucho pensarlo, me encuentro más tranquila porque me di cuenta de que lo nombré correctamente. No pude haber encontrado un mejor nombre para él (lo elegí de hecho antes de siquiera conocerlo). Benito. Benito, El Reformador. Vino a mi casa a manera de prueba y en pocos días nos ha cambiado el ánimo a todos y en particular a Zoyla, quien lo besa y lo lame y lo lleva para todos lados como si ahora él fuera su leoncito de peluche.

Benito, El Reformador, se queda en casa.