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lunes, 22 de octubre de 2007

prrr... miau

Después de terminar un día de trabajo de la PEOR manera posible, me puse a pendejear un poco en la web y me encontré con un post de Isopixel con esta animación. La verdad me encantó y no pude más que identificarme con el victimizado dormilón.



Para quien tenga gatos sabrá de qué hablo después de ver el video. Aunque adoro a mis 5 gatos casi como si fueran mis hijos no deseados, hay veces en que se pasan de lanza con tal de llamar mi atención. Otras veces tan sólo me toman cual tapete hecha jirones, materia ideal para clavar sus garritas mientras juegan entre ellos.

viernes, 14 de septiembre de 2007

hoy le cortan los huevos a Benito...

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Pues sí, se le llegó la hora. La verdad es que me da mucha pena hacer esto, pero Benito ya comenzó a orinar cada sillón de mi casa y parece que la solución puede ser sólo la de recurrir a la cirugía para que lo deje de hacer. Sinceramente esto me hace sentir muy mal porque considero que es un absoluto atropello a su persona. Es absolutamente natural en los gatos que se orinen para marcar su territorio, no es algo que hagan por molestar, simplemente es su naturaleza. No creo tampoco que esto vaya a solucionar nada, yo creo que eventualmente seguirá orinándose en algún sillón. A Luz apenas lo operaron hace unos meses, con 11 años de edad. Creo que ya ni venía al caso que lo operaran, pero ésta ha sido casi la condición para que podamos mantenerlos en casa. Ni modo.

jueves, 12 de julio de 2007

¡¡¡al agua patos!!!

Hoy tuve que bañar a Benito por 3era ocasión en estas 3 semanas. La Dra. Ana me advirtió que aún no lo bañara (yo creo que porque es muy pequeñito y porque le acababan de dar unas vacunas), pero este adorable cochinito aún no aprende bien que tiene que hacer pipi y caca en su arenero, así que recorre la casa buscando lugares donde depositar sus desechos. Usualmente lo hace sobre la cama de mi madre, que ya está más contenta porque parece que ya sólo ha localizado un spot en donde el buen Benito se ha orinado, y no varios como en días pasados. Otras veces –y yo creo que lo hace a manera de venganza, se orina en la cama de Luz y la Güera. El caso es que, dependiendo del lugar que elija, acaba ensuciándose todo y pues ya sólo me queda bañarlo, rápidamente para que no pase tan mal rato y para que no me rasguñe demasiado.

Hoy le tocó su 3er baño, pero esta vez no sé qué le ocurrió porque estaba lleno de mierda hasta las orejas. Cuando lo bañe maulló como si lo estuviera desollando vivo (cosa curiosa, la que terminó casi desollada fui yo de tantos araños).

El resto del día se la ha pasado huyendo de mí (¡y yo que sólo quiero abrazarlo!). Ni modo, esperaré a que pase su enojo para acercarme a él y tomarle más fotos. De momento les dejo esta en la que, como siempre, sale muy guapo aunque algo borroso.

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jueves, 5 de julio de 2007

ni el bodoque, ni el italiano... el mexicano



Éste es Benito. Lleva con nosotros una semana. Lo recogí el pasado miércoles y ya está más que instalado en mi casa. Pensé que le costaría más trabajo ser aceptado, pero incluso Luz le permite acercárcele y hasta dormir a ratitos en su cama. La Güera sigue siendo la misma hostil de siempre, aunque confío en que pronto también juegue con él.

Zoyla es definitivamente feliz a su lado. Ya ni siquiera le hace caso a su leoncito de peluche. Pasan horas enteras peleando entre ellos, mordiéndose, revolcándose. Casi siempre pareciera que Benito saldrá herido si no es que muerto. Afortunadamente sólo es juego entre ellos y Benito se defiende bastante bien para ser tan pequeño.

El lunes pasado escuchaba a uno de mis vecinos que le gritaba a su hijo "¡Fraaanco!". Cada vez que escucho ese nombre se me erizan los cabellos. Su hermana se llama Regina. "Franco y Regina". Muy lejos de ser "Hansel y Grethel". "Franco y Regina" me parecen los nombres más ultraderechistas que puedo imaginar. Así que, mientras escuchaba el llamado al otro lado de mi casa –"¡Fraaanco!", pensé que yo jamás nombraría a ninguno de mis hijos (reales, adoptados o imaginarios) con el nombre de algún dictador.

Justo en ese instante recordé a "Benito". El buen Benito. Luego me consolé pensando que Benito no es mi hijo, obviamente, es sólo un gato, un animal de compañía. Pero igual me ha carcomido el coco estos días la idea de haberlo llamado Benito.

Hoy después de mucho pensarlo, me encuentro más tranquila porque me di cuenta de que lo nombré correctamente. No pude haber encontrado un mejor nombre para él (lo elegí de hecho antes de siquiera conocerlo). Benito. Benito, El Reformador. Vino a mi casa a manera de prueba y en pocos días nos ha cambiado el ánimo a todos y en particular a Zoyla, quien lo besa y lo lame y lo lleva para todos lados como si ahora él fuera su leoncito de peluche.

Benito, El Reformador, se queda en casa.

martes, 26 de junio de 2007

—¿café? —con 2 cucharitas de caca, por favor



Ésta cosita tan linda es Zoyla. Algunos ya tienen el honor de conocerla, pero realmente no la había presentado a la blogósfera, aunqe ella es ya toda una cibernauta consumada que dedica sus tardes a chatear on-line, enviar mails a mi lista de correos y a googlear so pretexto de aumentar sus conocimientos gatunos.



Zoyla es preciosa, simpatiquísima, inteligentísima (como todos los gatos; quizá un poquito más) y -sobre todo, traviesa. Como todavía es una pequeña (tiene 6 meses), pasa las horas corriendo de un lado a otro persiguiendo fantasmas y bichos (reales e imaginarios), derrapándose sobre mi mesa de trabajo y molestando a mis otros 2 gatos.

A Luz, por ser macho, lo persigue más: le gusta. Lo malo es que se la pasa mordiéndole la cola y sus ya (recién) desaparecidas bolas. Él se hace el loco un rato (quizá le gusta en el fondo todo ese jugueteo con sus partes blandas), pero llega un momento en que lo desespera y él sólo voltea dispuesto a darle el mayor de los zarpazos para ahuyentarla.

Con la Güera mantiene una relación de ataque constante, ya saben: polos iguales se repelen, y como dos buenas gatas compiten entre ellas por la atención de mi chulísimo Luz, quien solamente las ve de lejos con igual displicencia. Lo más gracioso de sus peleitas es cuando ambas quieren atravesar la puerta de la cocina: la Güera queriendo entrar a la casa y Zoyla, queriendo salir al jardín. Ambas se encuentran frente a frente y van moviéndose en un continuo movimiento circular hasta que intercambian posiciones, todo esto acompañado de uno que otro zarpazo y agudisísimos maullidos de declaración de guerra.

El caso es que mi pequeña Zoyla no convive mucho -ni tan armónicamente, con Luz y con la Güera. En gran medida se debe sin duda a la brecha generacional que existe entre ellos: Zoyla tiene apenas 6 meses (como ya comenté) y los otros tienen 11 y 10 años, respectivamente. Los últimos días en particular, Zoyla ha estado de mal ánimo y muy triste. Cuando ve que salgo de la casa (o sea, diariamente) se queda en la puerta con su listón azul cielo (uno de sus juguetes favoritos) como esperando que yo juegue con ella antes de irme. Y pues obviamente se queda esperando con tristeza. Y como últimamente he estado muy ocupada, casi no he tenido tiempo para jugar con ella tampoco en otros momentos. Esto ha hecho que en las últimas dos semanas, en cuanto escucha mi despertador (que antes la atemorizaba: lo tengo con un ringtone de gallo electrónico) brinca directamente hacia mi cara y me muerde la nariz para asegurarse de que despierte (cosa que a veces no logra). Luego me lleva su listón azul o su leoncito (éste sí es su juguete favorito) para no perder tiempo y jugar desde tempranito, por supuesto, antes de que me vaya a trabajar.

Hoy, por ejemplo, se encabronó porque entré al baño y no la dejé entrar conmigo. Y yo le decía "No Zoyla, estoy cagando, ahorita salgo", pero ella insistía. Cuando por fin salí, después de un buen rato debido a mi dieta del último día a base de unos malditos cacahuates con chilito que descubrí recientemente y a los que me estoy volviendo adicta (Hot Nuts de Barcel con limón y chile jalapeño, ¡uisshhh!), encontré el sabrosísimo café capuccino que mi madre me prepara diariamente, cubierto con tierrita de una maceta que estaba a un lado de la taza. Por supuesto que Zoylita se enojó conmigo y fue a meterle sus patitas a mi café para tirarle la espuma y de pasada espolvorearlo con mugritas, tierrita, piedritas y caquita. Obviamente ya no me pude beber mi café, que suele ser mi desayuno y ahora estoy en la oficina con una bolsa de otros mugrosos cacahuates.

Todo esto, sumado al descubrimiento de sus múltiples travesuras del día mientras se queda sola en casa, me ha hecho decidir adoptar otro gatito. Sí, uno más. Aún no lo conozco, pero la Dra. Ana (el veterinario de mis gatitos) dice que ya está listo para ir a mi casa, libre de PULGAS*, con todas sus vacunas y sin Leucemia. Como también es un pequeño gato igual que Zoyla (bueno, creo que es un poco más chiquito), seguramente podrán llevarse mejor y jugar mucho entre ellos y ninguno se sentirá solito en el día.