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domingo, 2 de marzo de 2008

fortune cookie

No suelo tener arranques violentos contra extraños, pero hoy estuve al borde de aventármele encima a una pendejeta en el Restaurante China Girl de Prado. El lugar estaba a reventar y había gente sentada en las sillas frente a la caja esperando mesa. Yo estaba en la caja muy tranquila pidiendo mi orden para llevar cuando llega una feliz-cursi-pareja-arreglada-para-domingo y se instala a mi lado como sin saber qué hacer o a quién dirigirse. Él, muy propio, pero sin nociones de comunicación con el mundo, comienza a preguntarle al dueño si se encontraba ahí la familia Zavala y bla bla bla. En eso, su dominante-castrante-pendeja-ñera lo corta en seco diciéndole, "No déjamelo a mí, yo le digo". Y que empieza esta tarada en un tono absolutamente patronizing a hablarle al dueño del China Girl que, quien lo conozca, sabe que él y toda la familia son encantadores y súper amables con todos los que acostumbramos a ir por allá. Como decía, comienza esta pendeja a hablarle al dueño como si fueran chinos recién llegados a México y no supieran ni jota de español: "Dis-cul-pe, es-ta-mos es-pe-ran-do a la fa-mi-lia Za-va-la. Tal vez ya lle-ga-ron..." y así siguió la pendejeta esta hablando muy lentamente y silabeando como para ver si así le entendía el dueño, que -by the way- habla mejor español que esta ñoña.


Lo mejor de todo es que mientras esta vieja hacía su show, todos los que estábamos a su alrededor (incluyendo el dueño, su esposa y varios empleados) nos veíamos mutuamente como comunicándonos telepáticamente diciendo así como "Qué le picó a esta bestia que no habla bien o qué pedo, parece retardada" y riéndonos en bajito.

Ya después de un rato de ver que no progresaba el diálogo, el dueño, ya exasperado con la actitud de la sonsa, de plano le dijo que pasaran a buscar a los mentados Zavala.

Obviamente este par de brutos nunca en su vida se habían parado por el lugar, pero ya me imagino a esta pendeja hablándole así todo el tiempo al resto de las personas con las que se topa, dirigiéndose a ellas con un todo de superioridad cuando en realidad ella es la ignorante.


lunes, 22 de octubre de 2007

prrr... miau

Después de terminar un día de trabajo de la PEOR manera posible, me puse a pendejear un poco en la web y me encontré con un post de Isopixel con esta animación. La verdad me encantó y no pude más que identificarme con el victimizado dormilón.



Para quien tenga gatos sabrá de qué hablo después de ver el video. Aunque adoro a mis 5 gatos casi como si fueran mis hijos no deseados, hay veces en que se pasan de lanza con tal de llamar mi atención. Otras veces tan sólo me toman cual tapete hecha jirones, materia ideal para clavar sus garritas mientras juegan entre ellos.

jueves, 26 de julio de 2007

mi vida amorosa cantada por marco antonio solis - parte 1

Hoy vamos a recoger el auto de mi madre que –como suele, está en el taller. Esta vez no dio a parar ahí por los desperfectos cotidianos del auto, sino porque hace unas 3 semanas una angustiada-por-chocar-por-primera-vez-en-su-vida mujer se fue a estrellar contra la fasia trasera de este reluciente, llamativo y defectuoso y una fregada. Esta es la segunda vez que vamos a recorgerlo al taller al que lo envió el seguro para que lo arreglaran. La semana pasada fuimos por él y, lamentablemente –para nosotros y para el taller, mi mamá no quedó satisfecha con los arreglos, con toda razón debo decir, ya que estaban hechos "como por mí jugando con plastilina", de acuerdo a su propia descripción.

Y de pronto recordé el viaje en taxi la vez anterior. Fuimos en taxi porque mi auto (éste sí para variar) estaba también en el taller. El viaje fue largo y pesado como una chingada: estaba lloviendo, el taxi apestaba al BO del chofer y el tráfico de la ciudad era un infierno en vida. Todo el trayecto estuvo además acompañado por un soundtrack de Marco Antonio Solis en Radio Joya o alguna estación de esas. Quería que todo eso terminara, no aguantaba el olor y el calor húmedo que se encerraba en el coche. Mi mente sólo pensaba en la causa del mal olor: el chofer, a quien además descubrí haciendo bolitas de mocos que tiraba "discretamente" a un lado de su asiento. En otro momento lo vi rascarse el cuero cabelludo, arrancarse algo y "discretamente" apretarlo con sus sucias uñas. "Seguramente es un piojo", pensé. Ya no podía más. Me imaginé recubierta por piojos y mocos y ese mal olor... Pensé que iba a morir. Quizá hasta lo deseé.

Así pasaron casi 2 horas de trayecto. Dos horas de mal olor. Dos horas con piojos imaginarios.

Y de pronto, para mi sorpresa, me di cuenta que lo único soportable era la música de fondo. Sí, esas tonaditas cursis, melosas, que en cualquier otro momento me habrían hecho quizá apagar el radio y botarlo por la ventana, o mejor aún, metérselo en la boca a ese cochino chofer, me tranquilizaron.