lunes, 7 de enero de 2008

las glorias del empleado


Pues sí, un nuevo año comienza y el trabajo también. Duro, como siempre, este nuevo año lo recibo por vez primera en estas nuevas oficinas que se gracian de tener gente consentidora, apapachadora, que piensa en todo tipo de cosas propias de la promoción de las buenas relaciones oficinezcas.

Esta mañana nos han sorprendido con la tradicional Rosca de Reyes que ya en repetidas ocasiones he comido desde ayer. Mayor sorpresa para mí cuando casi me atraganto con un chamaco de plástico barato (qué ganas de estar en la Época Virreinal y quedarse con un monito de porcelana o, aún mejor, de oro). Por supuesto, y como ya va siendo costumbre para mí, también en mi casa me tocó el chamaco. Los hijos no deseados me llegan por doquier y a montones. ¿Qué será de mí?

Lo bueno es que esto se resuelve en unas semanas compartiendo unos tamales (ahora en casa y oficina). Lo malo es que de tanto comer estos días y sin importar la falsedad de los susodichos chamacos, la panza post-parto igual me va a quedar.


¡FELIZ 2008!

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